2 de octubre: la memoria no pide permiso

El 2 de octubre de 1968 quedó grabado como una de las páginas más dolorosas e indignantes de nuestra historia.

A pocos días de que México recibiera al mundo para celebrar los Juegos Olímpicos, el Estado mexicano respondió con violencia a jóvenes que pedían libertades, diálogo y democracia. En la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, estudiantes y ciudadanos fueron perseguidos, heridos, detenidos y asesinados.

Mientras el gobierno preparaba una imagen de modernidad para mostrarla ante otras naciones, dentro del país intentaba imponer el silencio.

Gustavo Díaz Ordaz fungía como presidente de México. Durante décadas se ocultaron responsabilidades, se alteraron versiones y se pretendió convertir a las víctimas en culpables. Pero la memoria sobrevivió a la censura y al miedo.

Tlatelolco nos dejó una advertencia que sigue vigente: ningún gobierno, sin importar su partido, su ideología o su popularidad, puede colocarse por encima de los derechos de la ciudadanía.

Recordar el 2 de octubre no es quedarse atrapado en el pasado. Es defender en el presente el derecho a preguntar, disentir, reunirse, manifestarse y exigir cuentas. Es comprender que la fuerza del Estado debe proteger al pueblo, nunca utilizarse para callarlo.

Como ciudadano independiente, no recordaré las injusticias según el color del partido que las haya cometido. Una masacre no se justifica, no se relativiza y no se convierte en instrumento electoral. Se reconoce con verdad, se enfrenta con justicia y se conserva en la memoria para impedir que vuelva a suceder.

Hoy recuerdo a los estudiantes, a las familias que esperaron a quienes nunca regresaron y a quienes durante años mantuvieron viva la exigencia de verdad.

Porque un país que olvida sus heridas corre el riesgo de repetirlas.

Porque la democracia no comienza en las urnas: comienza cuando el poder aprende a escuchar y entiende que jamás debe responder con violencia a una voz ciudadana.

El 2 de octubre no se olvida.

Y no se olvida porque la memoria también es justicia, conciencia y defensa de la libertad.

José Alfonso Ramírez
Ciudadano libre e independiente
josealfonso.org