México pierde a una figura fundamental de su transición democrática. Su mejor homenaje no consiste en disputar quién fue más cercano a él, sino en preguntarnos qué podemos aprender de su manera de ejercer la política.
La muerte del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, ocurrida el 28 de octubre a los 92 años, ha generado expresiones de reconocimiento provenientes de prácticamente todas las corrientes políticas del país.
Dirigentes de izquierda y de derecha, integrantes del gobierno y de la oposición, antiguos compañeros y adversarios han recordado su trayectoria y algunos han hablado de la amistad que mantuvieron con él.
Es natural que quienes lo conocieron expresen su pesar.
Pero la memoria de una figura de su dimensión no debe convertirse en una competencia para demostrar quién fue su amigo, quién se fotografió con él o quién puede presentarse ahora como heredero de su trayectoria.
El mejor homenaje sería actuar con la congruencia, la serenidad y el respeto democrático que se le reconocen.
Un apellido histórico, pero una trayectoria propia
Cuauhtémoc Cárdenas fue hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, uno de los presidentes más queridos y respetados de México.
Ese apellido representaba una enorme herencia política, pero también una responsabilidad.
Cuauhtémoc no se limitó a vivir de ella.
Fue ingeniero civil, participó en proyectos de desarrollo regional, fue senador y gobernador de Michoacán. Con el paso de los años se convirtió en una figura central de la lucha por abrir un sistema político que permanecía dominado por un solo partido.
Pudo permanecer dentro de aquel sistema, acomodarse a sus reglas y conservar una carrera segura.
Eligió otro camino.
Romper con el poder cuando permanecer resulta más cómodo
Durante la década de 1980 encabezó, junto con otras figuras, la Corriente Democrática dentro del Partido Revolucionario Institucional.
No se trataba solamente de una disputa por una candidatura. Aquel movimiento cuestionaba la falta de democracia interna y la forma en que las decisiones políticas se concentraban en unas cuantas manos.
Cuando la apertura fue negada, Cárdenas rompió con el partido en el que había desarrollado buena parte de su carrera.
Esta decisión contiene una enseñanza que sigue vigente:
La verdadera independencia comienza cuando una persona es capaz de defender sus convicciones incluso frente al grupo al que pertenece.
Ser independiente no significa carecer de ideas, mantenerse neutral ante las injusticias o rechazar toda forma de organización.
Significa no entregar la conciencia a una dirigencia, no justificar lo injustificable porque lo cometieron los propios y no colocar los intereses de una organización por encima de la sociedad.
El movimiento democrático de 1988
En 1988, Cuauhtémoc Cárdenas encabezó el Frente Democrático Nacional y desafió electoralmente al sistema político dominante.
Aquella elección quedó marcada por la caída del sistema de cómputo, graves cuestionamientos sobre los resultados y denuncias de fraude que transformaron para siempre la conversación democrática del país.
Millones de personas encontraron en su candidatura una vía pacífica para expresar su inconformidad y exigir que el voto fuera respetado.
La relevancia histórica de aquel movimiento no depende solamente de quién recibió oficialmente la Presidencia.
Su trascendencia consiste en haber demostrado que el país ya no aceptaba como inevitable la permanencia de un solo partido y que la ciudadanía podía organizarse para disputar democráticamente el poder.
Cárdenas pudo haber convocado a la violencia.
Eligió la movilización pacífica, la organización política y la construcción de instituciones.
Construir una alternativa
Del movimiento de 1988 surgió el Partido de la Revolución Democrática, fundado en 1989 por Cuauhtémoc Cárdenas y otras figuras provenientes de distintas corrientes de izquierda y de los movimientos sociales.
La construcción de aquella alternativa tuvo costos muy altos. Durante sus primeros años, numerosos militantes y dirigentes del nuevo partido fueron asesinados.
Cárdenas volvió a ser candidato presidencial en 1994 y en 2000. No ganó la Presidencia, pero su trayectoria contribuyó a ensanchar la competencia política y a hacer posible la pluralidad que después permitiría otras alternancias.
En 1997 se convirtió en el primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal elegido mediante el voto ciudadano.
Ese triunfo significó mucho más que la llegada de una persona a un cargo.
Representó una nueva etapa en la vida democrática de la capital del país.
Ningún partido por encima de las convicciones
Cuauhtémoc Cárdenas también fue capaz de alejarse del partido que había contribuido a crear.
Renunció al PRD en 2014, cuando consideró que esa organización se había apartado de sus principios y que su dirigencia no estaba respondiendo a la crisis política y moral que enfrentaba.
Este episodio resulta fundamental para comprender su independencia.
No confundió lealtad con obediencia.
No consideró que una organización debiera ser defendida incondicionalmente sólo porque él había participado en su fundación.
Los partidos son instrumentos de participación. No deben convertirse en propietarios de las convicciones de sus integrantes ni en fines por sí mismos.
Cuando una organización deja de servir a la sociedad, el deber de una persona congruente no es callar para conservar privilegios.
Es señalarlo.
Más importante que proclamarse su amigo
En estos días escucharemos muchas historias sobre encuentros, conversaciones y amistades con Cuauhtémoc Cárdenas.
Algunas serán legítimas y entrañables. Otras posiblemente responderán al deseo de vincularse con el prestigio de un hombre que ya no puede confirmarlas ni desmentirlas.
No me corresponde juzgar esas relaciones.
Pero sí creo que la cercanía verdadera con una figura pública no se demuestra presumiendo una fotografía después de su muerte.
Se demuestra practicando los principios que se le reconocen:
- Respetar el voto.
- Defender la soberanía nacional.
- Colocar el interés público por encima del personal.
- Aceptar la crítica.
- Mantener una conducta republicana.
- No apropiarse de las instituciones.
- Saber separarse de un partido cuando la conciencia lo exige.
- Entender el poder como responsabilidad y no como patrimonio.
La enseñanza para un ciudadano independiente
La vida pública no pertenece exclusivamente a los partidos ni a quienes ocupan cargos.
También pertenece a los ciudadanos que trabajan, se organizan, proponen, cuestionan y ayudan a su comunidad sin esperar instrucciones de una dirigencia.
La independencia ciudadana no consiste en afirmar que todos los políticos son iguales o que la política no sirve.
La política es necesaria para tomar decisiones colectivas, resolver problemas y construir acuerdos.
Lo que debemos rechazar es la política convertida en negocio, herencia, espectáculo o mecanismo de protección personal.
Cuauhtémoc Cárdenas demostró que se puede participar profundamente en la política sin renunciar al derecho de disentir, incluso de los antiguos compañeros.
También demostró que una derrota electoral no vuelve inútil una causa. Hay luchas que no producen inmediatamente un cargo, pero cambian el país y abren caminos para las generaciones posteriores.
Una reflexión para Ensenada
Ensenada necesita ciudadanos que no esperen salvadores ni acepten que los partidos decidan por ellos.
Necesita personas capaces de reconocer lo que un gobierno hace correctamente, cuestionar lo que hace mal y proponer soluciones sin preguntar primero qué partido recibirá el beneficio.
La enseñanza de Cuauhtémoc Cárdenas puede trasladarse a nuestra vida local:
No entregar nuestra voluntad a ningún grupo.
No confundir la amistad con la complicidad.
No guardar silencio para conservar una posición.
No buscar un cargo como fin personal.
Y no abandonar la participación ciudadana cuando los resultados tardan en llegar.
Un legado que pertenece a la ciudadanía
No escribo estas palabras para reclamar una cercanía personal ni para apropiarme de una historia que pertenece a México.
Las escribo como ciudadano que reconoce la trascendencia de un hombre que ayudó a abrir el sistema político y convirtió el descontento de millones en una lucha democrática y pacífica.
Cuauhtémoc Cárdenas tuvo aciertos, diferencias y decisiones que pueden discutirse, como sucede con cualquier figura pública.
Honrarlo no exige convertirlo en un personaje infalible.
Exige reconocer que mantuvo una conducta política caracterizada por la sobriedad, la dignidad y la defensa de sus convicciones.
A sus hijos, familiares, compañeros y seres queridos expreso mis condolencias y mi respeto.
México despide a uno de los protagonistas de su transformación democrática.
La responsabilidad de continuarla corresponde ahora a la ciudadanía.
Soy José Alfonso Ramírez, ciudadano independiente. Creo que la política recuperará su dignidad cuando servir sea más importante que mandar y las convicciones valgan más que el poder.
Fuentes consultadas
- Agencia EFE: “Cuauhtémoc Cárdenas, líder histórico de la izquierda de México, muere a los 92 años”.
- Associated Press: semblanza sobre la trayectoria democrática de Cuauhtémoc Cárdenas.
- Fundación para la Democracia: semblanza y trayectoria de Cuauhtémoc Cárdenas.
- Aristegui Noticias: reacciones de las principales fuerzas políticas a su fallecimiento.

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