Una ausencia que sigue interpelando a México
El pasado 1 de noviembre se cumplió un año del asesinato de Carlos Alberto Manzo Rodríguez, presidente municipal independiente de Uruapan, Michoacán.
Fue asesinado durante el Festival de las Velas de 2025, en una celebración pública y frente a la comunidad que gobernaba. Un año después, miles de personas volvieron a recorrer las calles de Uruapan para exigir justicia y paz. En el sitio donde perdió la vida fue develada una estatua en su memoria.
Su recuerdo no debería reducirse a una ceremonia, una estatua o una consigna. Su muerte nos obliga a formular preguntas difíciles: ¿qué significa ser verdaderamente independiente?, ¿hasta dónde puede llegar un ciudadano cuando decide enfrentar intereses poderosos? y ¿por qué quienes levantan la voz terminan tantas veces solos?
La independencia no significa permanecer neutral
Carlos Manzo conoció la política partidista. Fue diputado federal por Morena entre 2021 y 2024, pero posteriormente se separó de ese partido y construyó una alternativa local.
En 2024 ganó la presidencia municipal de Uruapan como candidato independiente, con una votación histórica que lo convirtió en el primer alcalde independiente de esa ciudad.
Su trayectoria demuestra que la independencia no consiste solamente en aparecer en una boleta sin el emblema de un partido.
Ser independiente significa conservar la libertad para señalar lo que está mal, aunque la responsabilidad corresponda a antiguos compañeros, adversarios políticos, autoridades de cualquier nivel o grupos con poder económico y criminal.
Un ciudadano independiente no debe guardar silencio para conservar amistades, recibir favores o proteger aspiraciones personales. Su compromiso principal debe ser con la comunidad.
La independencia sin valor puede terminar convertida en indiferencia. Y la indiferencia, frente a la violencia y la injusticia, siempre beneficia a quienes desean que nada cambie.
Señalar tanto al criminal como al político que calla
Carlos Manzo denunció públicamente la presencia de organizaciones criminales, las extorsiones y la situación de inseguridad que enfrentaban Uruapan y otras comunidades de Michoacán.
También reclamó mayor respaldo institucional y advirtió sobre la capacidad con la que operaban los grupos delictivos en la región. Sus posiciones y algunos de sus métodos fueron controvertidos, como ocurre con cualquier gobernante que toma decisiones difíciles. No es necesario coincidir con cada una de sus expresiones para reconocer que tuvo el valor de hablar sobre una realidad que muchos preferían ignorar.
Pero la valentía ciudadana no consiste únicamente en denunciar al delincuente.
También exige señalar al funcionario que evade su responsabilidad, al político que utiliza la inseguridad para obtener votos, al gobierno que minimiza el sufrimiento de una comunidad y a quienes, por conveniencia o temor, permiten que los intereses criminales ocupen los espacios abandonados por las instituciones.
La delincuencia crece donde encuentra complicidades, corrupción, impunidad o silencio.
Por eso, un ciudadano verdaderamente independiente debe ser capaz de denunciar a ambos poderes: al criminal que amenaza y al político que calla, encubre o abandona.
Ningún ciudadano debería convertirse en mártir
Reconocer el valor de Carlos Manzo no significa glorificar su muerte.
México no necesita más mártires. Necesita instituciones capaces de proteger a quienes denuncian, autoridades que respondan antes de que ocurra una tragedia y corporaciones profesionales que no dejen la seguridad de una comunidad sobre los hombros de una sola persona.
Cuando un alcalde, periodista, comerciante, activista o ciudadano recibe amenazas por señalar intereses criminales, el Estado tiene la obligación de actuar.
No puede aceptarse que la valentía individual sustituya la responsabilidad institucional.
Tampoco debemos acostumbrarnos a que quienes enfrentan la corrupción y la violencia terminen asesinados y posteriormente sean homenajeados por las mismas instituciones que no pudieron protegerlos.
Las estatuas preservan la memoria, pero no sustituyen la justicia.
Recordarlo sin apropiarnos de su prestigio
Recordar a Carlos Manzo no debe servir para copiar sus símbolos, utilizar su sombrero o presentarse como heredero de un movimiento al que no se pertenece.
La manera más digna de honrar su memoria es comprender el significado de su ejemplo: escuchar a la comunidad, caminar sus calles, denunciar sin importar el color partidista y no permitir que el miedo imponga silencio.
Quienes participamos como ciudadanos independientes debemos hacerlo con humildad. No para compararnos con quien pagó con la vida su determinación, sino para preguntarnos si estamos dispuestos a actuar con congruencia cuando resulte incómodo hacerlo.
El valor ciudadano debe servir para defender la vida
A un año de su asesinato, el caso de Carlos Manzo sigue representando una herida abierta.
Su historia nos recuerda que la política puede ejercerse con cercanía, independencia y valor, pero también revela el enorme riesgo que enfrentan quienes deciden no someterse a intereses políticos o criminales.
Desde Ensenada envío mi respeto a su familia, a la comunidad de Uruapan y a todas las familias mexicanas que han sido lastimadas por la violencia.
Que su recuerdo no se convierta solamente en una bandera política.
Que sirva para exigir justicia, fortalecer las instituciones y comprender que la independencia verdadera no consiste en estar solo, sino en mantenerse del lado de la ciudadanía.
Carlos Manzo tuvo el valor de levantar la voz. México tiene ahora la responsabilidad de no olvidar por qué lo hizo.
José Alfonso Ramírez
Ciudadano independiente

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